viernes, 4 de noviembre de 2016

TRÁS EL DOLOR, LA MISERICORDIA


¿HABRA SER HUMANO EN EL MUNDO CAPAZ DE SUFRIR EN SILENCIO Y RESGUARDAR EN SU CORAZÓN SENTIMIENTOS DE TRISTEZA, FRUSTRACION, REPROCHE, AMARGURA, DOLOR Y FALTA DE AUTOPERDÓN?

Indudablemente sí.  Yo te puedo dar testimonio de ello.
La mujer y el hombre que ha tenido la experiencia de vivir o inducir a alguien al aborto de un ser humano y más aún si este fue un ser tan entrañable como un hijo, al percatarse de su acción sufre infinitamente.
La responsabilidad de la muerte es grande y el dolor de causarla lo es más…
La carga es infinitamente pesada, tanto,  que en principio le adormece y le lleva a vivir la negación.
La experiencia del aborto provocado, deja en quien lo ejecuta un vacío tan profundo que nada parece llenar.
La ley y la sociedad, contraponen los intereses entre la madre y el hijo, pero finalmente quien lo vive y lo experimenta es quien más sufre y paga las consecuencias.  El cielo pareciera clamar justicia.
¡De esto doy fe y soy testigo!
Dios me ha dado la oportunidad de ser testigo de esto  y hacerme junto con  ellas y ellos  uno solo,  en su dolor y sufrimiento.
No importa cuánto tiempo haya mediado  entre lo sucedido y la aceptación, pero el dolor está ahí siempre latente. Es tan grande el sentido de la indignidad que no se permite quien lo sufre,  sentir el Amor y la Misericordia infinita del Padre Creador.
A todas las mujeres y hombres que me han dado  la oportunidad de conocer y escuchar  sus historias, sus verdades y el  sentir  de su dolor, les agradezco infinitamente por abrir su corazón y dejar sanar sus heridas con el bálsamo de la palabra y  las promesas de Dios Nuestro Señor.
Ruego a María Santísima, lo sembrado en el Viñedo  pronto se coseche.
Las  lágrimas de dolor derramadas,   con certeza fueron recogidas una a una  por los Ángeles de Dios, para ser,  cuál semillas, sembradas en un viñedo más de Esperanza y Misericordia
No  hay que olvidar que  el Evangelio de la Vida, está en el centro del mensaje de Jesús, y presentando su misión redentora Él nos dice “Yo he venido para que tengan vida y tengan vida en abundancia” (Jn 10,10) y que consiste en aquella vida nueva y eterna en comunión con el Padre.
La experiencia de vivir con ustedes  dentro del Viñedo el misterio paradójico de la Justicia Misericordiosa de Dios fue maravillosa y me obliga a dar Fe de que Dios  no castiga al homicida con su propia muerte, sino que quiere el arrepentimiento del pecador.
El Papa  San Juan Pablo II nos lega una reflexión muy especial en su Encíclica Evangelium Vitae y nos explica que nada está perdido y de  como  Tú vida puede transformarse  mediante el ministerio de la Sanación:
“El Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz, en el sacramento de la Reconciliación, Podéis confiar con esperanza a vuestro hijo a este mismo Padre y a su misericordia. Ayudadas por el consejo y la cercanía de personas amigas  y competentes, podréis estar con vuestro doloroso testimonio entre los defensores más elocuentes del derecho  de todos a la vida. Por medio de vuestro compromiso por la vida, coronado eventualmente  con el nacimiento de nuevas criaturas y expresado con la acogida y la atención hacia quien está más necesitado de cercanía, seréis artífices de un nuevo modo de mirar la vida del hombre” P.99 
Dios les bendiga.
Teresa Gómez.
Mtra. en Ciencias de la Familia.




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