No tiene un adjetivo calificativo, el don de la maternidad es un regalo de Dios en cualquier situación.
Cuando Dios permite un embarazo, desde su concepción esa persona tiene vida y por lo tanto dignidad, Él confía en que serás una buena madre si te dejas guiar por su Sabiduría.
Hace unos meses el Papa Francisco nos decía que, no hay madres solteras, somos simplemente MADRES. Con la fortaleza de un roble y la ternura necesaria para llevarlo primero en el vientre y después en el regazo.
En estos tiempos tan llenos de desinformación, donde los medios de comunicación y las redes sociales son tan rápidas, no nos dan tiempo de reflexionar.
Cada vez escucho con más frecuencia a jovencitas que tienen relaciones con jóvenes con los que ni siquiera están verdaderamente comprometidos, alguna fiesta, unos vinos, la música, la ropa tan provocativa, los padres permisivos preocupados por todo y por nada.
Eso conlleva a embarazos no planeados, algunos terminan en abortos, pero eso no les quita el ser madres, la única diferencia es que son madres de unos bebés no nacidos, de embarazos truncados por egoísmos y vanidades arraigados en nuestra sociedad.
La decisión de una mujer soltera que dice sí a la vida de su hijo merece respeto y ayuda. Es una mujer valiente que opta por arropar a su hijo y se confía en Dios para salir adelante.
Ana Velázquez es un ejemplo de ello. Madre de San Martín de Porres.
Ella se había unido, sin casarse, a Juan de Porres, que llegó a ser gobernador de Panamá. Por su orgullo, Juan no quiso formalizar su situación y tardó años en reconocer que Martín y otra hija nacida de Ana Velázquez eran sus hijos, aunque también es cierto que luego ofreció ayudas a la madre y a los hijos.
Ana, en los momentos más difíciles como “madre soltera”, mostró su amor sincero y completo a sus hijos. Ese amor, que viene de Dios, es uno de los ingredientes maravillosos con los que Dios bendijo la vida de san Martín de Porres, que seguro intercederá desde el cielo por tantas madres solteras que viven su amor materno en situaciones muy duras.
Ana, en los momentos más difíciles como “madre soltera”, mostró su amor sincero y completo a sus hijos. Ese amor, que viene de Dios, es uno de los ingredientes maravillosos con los que Dios bendijo la vida de san Martín de Porres, que seguro intercederá desde el cielo por tantas madres solteras que viven su amor materno en situaciones muy duras.
La maternidad es un regalo nunca un error.
Sandra Lillingston
