Durante este tiempo vengo escribiendo sobre lo que me ha llevado a sentir esta situación que estoy viviendo, todos los sentimientos encontrados que día con día se presentan en mi. La situación tripartita con la que tengo que lidiar: los recuerdos que entristecen el alma, el deseamor que quiere ser amor y el saber que está en mi sentir paz y ser feliz. ¡Toda una odisea de sentimientos! Para todo tengo.
Así también pienso en mi trabajo, el cual me permite estar en contacto con mucha gente, de ver sus caras día con día, de poder sentir lo que refleja su lenguaje no verbal. De poder compartir con ellos buenos momentos, de despejar mi mente y poder agradecer que soy capaz de tener buenos sentimientos, que soy capaz de reír y de poder compartir parte de mi a los demás para mejorar sus vidas, para poder ser un instrumento de cambio en su entorno laboral. ¡Que agradable es!
Entonces volteo y veo que no todo es gris, adicional a que tengo unos hijos que me dan unos abrazos que me derriten y me hacen sentir la esencia de la vida: ¡el amor! Un amor con el que siento esas ganas de dar lo mejor de mí, de saberme bendecida con la gracia de la maternidad, de sentir a través de ellos ese gran amor que Dios me tiene y saber lo grande que soy por haber generado vida en mi interior.
Es fácil darse por vencido, pero cuando le rascas un poco, no es necesario mucho, encuentras más de un motivo para sonreír y agradecer por un día más de vida, ¡por una oportunidad más para ser feliz!
Y hoy… ¿Qué me hace feliz?
Liloqui

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