El día de ayer 24 de diciembre en vísperas de la Navidad fuimos invitados a cantar con los enfermos del Hospital Civil.
Doy gracias a Dios por esa experiencia que lejos de sentir que yo les compartí algo a las personas que nos escuchaban, ellos nos llenaron de su entusiasmo y agradecimiento.
Que poco necesita el ser humano para ser feliz, cuando ya no tienen apegos, cuando están pasando por un momento de dificultad (de salud, económica o familiar) es cuando más valoran los más insignificantes detalles.
Al pasar con la guitarra, violín, claves y el pandero. Las personas en cama nos llenaban bendiciones, algunas nos pidieron que si nos podíamos sacar una foto, otros cantaban y aplaudían.
Pude leer algunas cartas de los familiares
al Niño Dios, muy diferentes a las que he
leído en el mundo del materialismo.
Me sorprendí de ver a un numeroso grupo de jóvenes entusiastas sirviendo la cena que tiempo atrás habían conseguido con donaciones y mucho trabajo.
En los rostros no había dolor ni cansancio simplemente ellos nos dieron la oportunidad de vivir la caridad en este día que por excelencia es el día del Amor.
Hoy 25 de diciembre a las 9:30 am estuvimos con los migrantes en las vías del tren. He aprendido muchos sobre el tema; existe una congregación religiosa que se llaman los Scalabrinianos. Dicha congregación tiene como carisma la ayuda a los migrantes.
¿Quienes son los migrantes? Son hermanos que dejan su país, su familia, buscando un bienestar mayor, ellos permanecen en un mismo lugar un máximo de tres meses. Por lo general sólo son unos días y siguen su camino hasta que llegan a su destino.
El convivir con ellos me dejó la sensación de hermandad. No conozco sus costumbres ni sus hábitos pero que al final me compartieron momentos de su vida, uno ellos dijo unas palabras de agradecimiento a las personas que llevaron el desayuno y a nosotros que cantamos algunos villancicos.
Sin fronteras de idiomas, de religiones o partidos políticos. Simplemente hermanos.
Los seminaristas y sacerdotes Scalabrinianos nos explicaron todo esto del carisma y el por qué no debemos tener perjuicios en ayudar a las personas sin importar quienes sean.
“Todos somos creados por el mismo Alfarero”. Unos en mejores condiciones que otros, unos para poder ayudar a otros, ya sea dejandose ayudar o ayudando.
La forma en que cada quién aproveche lo que se le da, ya es responsabilidad de él mismo. Pero el que da, nunca se ha de arrepentir de el porque servir dignifica a la persona.
Me impresionó saber que el tema de los migrantes tiene tantos años, de hecho la congregación lleva más de 100 años. Yo personalmente pienso en el libro del Éxodo para ubicarme en los años de la existencia de los migrantes.
Les dejo un poco de información del fundador de dicha congregación:
El Beato Juan Bautista Scalabrini (1839-1905) es conocido en Italia y en el mundo como el “Padre de los Migrantes”.
Nacido en Fino Mornasco, Como (Italia), entró en el Seminario a los 18 años y fue ordenado sacerdote a los 24. Deseoso de irse de misionero a Ásia, su obispo le dijo: “Tus Indias están en Italia”. Fue Profesor y Rector del seminario de su diócesis y en seguida Párroco en una parroquia de la periferia. Consagrado Obispo de Piacenza a la joven edad de 36 años, fue infatigable en la administración de los Sacramentos, en la predicación, en la educación del clero y del pueblo, en el amor a la Iglesia y al Papa, en el culto a la verdad, en la unidad y en la caridad. De estas virtudes dio pruebas heroicas en la asistencia a los enfermos de cólera, en la solicitud por los enfermos y por los encarcelados, en la predilección por los pobres, en el perdón a los enemigos. Salvó del hambre a millares de campesinos y obreros, despojándose de todo. Fundó un Instituto para Sordomudas. Organizó la asistencia a las obreras del arroz, sociedad de mutuo socorro, asociaciones de obreros, cajas rurales y cooperativas.
Llamado por Pío IX “apóstol del catecismo”, contribuyó grandemente al renacimiento del catecismo, siguiendo como modelo a San Carlos Borromeo; ideó y presidió el primer Congreso Catequístico Nacional y fundó la primera revista de catequesis de Italia.
Vivió desde dentro el drama del éxodo de los migrantes que se dirigían en gran número desde Italia hacia los países de América. En el 1887 fundó la Congregación de los Misioneros de San Carlos y la Sociedad de San Rafael para la asistencia religiosa y la promoción humana de los migrantes, que estaban abandonados por todos, a menudo en la semiesclavitud, expuesto a perder para siempre la práctica religiosa y la fe. Asimismo, patrocinó con energía la creación de instrumentos legislativos e institucionales para la protección humana y jurídica de los migrantes
contra cualquier forma de explotación.
S_Lillingston




