¿HABRA SER HUMANO EN EL MUNDO CAPAZ DE SUFRIR EN SILENCIO Y
RESGUARDAR EN SU CORAZÓN SENTIMIENTOS DE TRISTEZA, FRUSTRACION, REPROCHE,
AMARGURA, DOLOR Y FALTA DE AUTOPERDÓN?
Indudablemente sí. Yo
te puedo dar testimonio de ello.
La mujer y el hombre que ha tenido la experiencia de vivir o
inducir a alguien al aborto de un ser humano y más aún si este fue un ser tan
entrañable como un hijo, al percatarse de su acción sufre infinitamente.
La responsabilidad de la muerte es grande y el dolor de
causarla lo es más…
La carga es infinitamente pesada, tanto, que en principio le adormece y le lleva a
vivir la negación.
La experiencia del aborto provocado, deja en quien lo
ejecuta un vacío tan profundo que nada parece llenar.
La ley y la sociedad, contraponen los intereses entre la
madre y el hijo, pero finalmente quien lo vive y lo experimenta es quien más
sufre y paga las consecuencias. El cielo
pareciera clamar justicia.
¡De esto doy fe y soy testigo!
Dios me ha dado la oportunidad de ser testigo de esto y hacerme junto con ellas y ellos
uno solo, en su dolor y
sufrimiento.
No importa cuánto tiempo haya mediado entre lo sucedido y la aceptación, pero el
dolor está ahí siempre latente. Es tan grande el sentido de la indignidad que
no se permite quien lo sufre, sentir el
Amor y la Misericordia infinita del Padre Creador.
A todas las mujeres y hombres que me han dado la oportunidad de conocer y escuchar sus historias, sus verdades y el sentir
de su dolor, les agradezco infinitamente por abrir su corazón y dejar
sanar sus heridas con el bálsamo de la palabra y las promesas de Dios Nuestro Señor.
Ruego a María Santísima, lo sembrado en el Viñedo pronto se coseche.
Las lágrimas de dolor
derramadas, con certeza fueron
recogidas una a una por los Ángeles de
Dios, para ser, cuál semillas, sembradas
en un viñedo más de Esperanza y Misericordia
No hay que olvidar
que el Evangelio de la Vida, está en el
centro del mensaje de Jesús, y presentando su misión redentora Él nos dice “Yo
he venido para que tengan vida y tengan vida en abundancia” (Jn 10,10) y que
consiste en aquella vida nueva y eterna en comunión con el Padre.
La experiencia de vivir con ustedes dentro del Viñedo el misterio paradójico de
la Justicia Misericordiosa de Dios fue maravillosa y me obliga a dar Fe de que
Dios no castiga al homicida con su
propia muerte, sino que quiere el arrepentimiento del pecador.
El Papa San Juan
Pablo II nos lega una reflexión muy especial en su Encíclica Evangelium Vitae y
nos explica que nada está perdido y de
como Tú vida puede
transformarse mediante el ministerio de
la Sanación:
“El Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su
perdón y su paz, en el sacramento de la Reconciliación, Podéis confiar con
esperanza a vuestro hijo a este mismo Padre y a su misericordia. Ayudadas por
el consejo y la cercanía de personas amigas
y competentes, podréis estar con vuestro doloroso testimonio entre los
defensores más elocuentes del derecho de
todos a la vida. Por medio de vuestro compromiso por la vida, coronado
eventualmente con el nacimiento de
nuevas criaturas y expresado con la acogida y la atención hacia quien está más
necesitado de cercanía, seréis artífices de un nuevo modo de mirar la vida del
hombre” P.99
Dios les bendiga.
Teresa Gómez.
Mtra. en Ciencias de la Familia.