Matrimonio.
El
diccionario define al matrimonio como una institución social, reconocida como
legítima por la sociedad, que consiste en la unión de un hombre y una mujer
para establecer una comunidad de vida, la ayuda, el bien común y la procreación
de los hijos.
Cuando existe una relación de
noviazgo de tiempo, aparentemente tienen
una buena convivencia, en algunos casos cohabitan, se aman, pero no
tienen contemplado en sus planes dar el siguiente paso que sería el matrimonio,
circunstancia que da vida a la presión
social de “¿Cuándo se van a casar? ” e incluso “¿Cuándo tendrán hijos?”;
frases como “¡Se te está pasando el
tiempo¡”, “¿Solo te está utilizando?,
¡Qué manera de perder el tiempo¡ ”, y surgen los cuestionamientos
sociales y familiares que se les hacen a estas parejas.
Hasta la década de los 90, una
persona soltera entre los 35 o 40 años de edad era mal vista socialmente. “La
perspectiva de los padres, hace unos años, era que sus hijos se casen y formen
un hogar, porque –para ellos– ese es el camino a la felicidad y a la
realización como personas. Aunque hay rezagos de esos pensamientos, se denota
un cambio de mentalidad en la actualidad”, explicó el psicólogo Carlos Luperdi,
de la Universidad San Martín de Porres.
La palabra "matrimonio"
como denominación de la institución social y jurídica deriva de la práctica y
del Derecho Romano. Su origen etimológico es la expresión
"matri-monium", es decir, el derecho que adquiere la mujer que lo
contrae para poder ser madre dentro de la legalidad.
La concepción romana tiene su
fundamento en la idea de la posibilidad que la naturaleza da a la mujer de ser
madre, queda supeditada a la exigencia de un marido al que quedar sujeta al
salir de la tutela de su padre y de que sus hijos tengan un padre legítimo al
que estar sometidos hasta su plena capacidad legal: es la figura del pater
familias.
Es una institución meramente humana
que surgió obedeciendo la necesidad de que los hombres dueños de tierras y
bienes se aseguraran de que su estirpe era legítima para heredarle no sólo su
nombre sino sus posesiones.
La institución del matrimonio nace
con la necesidad de que el Estado proteja esta relación, en beneficio de su
desarrollo y perpetuidad asegurándolo con el paso del tiempo.
El matrimonio tiene implicaciones
jurídicas y sociales muy importantes, pues de ahí nace el concepto de familia y
automáticamente deberes, derechos y obligaciones entre los cónyuges, además de
otras figuras jurídicas como filiación, divorcio, alimentos, patria potestad,
tutela entre otros.
En el concepto ya multicitado, los
cónyuges deberán asumir el rol que a cada uno le corresponda según a los
acuerdos que se lleguen pensando que los harán antes de tal evento, como:
¿Quién aportará el dinero a la casa?, ¿Lo harán entre ambos?, ¿Cómo se tomarán
todas las decisiones ya sea de dinero, hijos, vacaciones, familias políticas?
etc., o sea, ambos están para cuidar el uno del otro, si nos remontamos al
concepto original ya que se tiene como finalidad la ayuda mutua y el bien
común. Al comprenderse esto, se adquiere un compromiso el cual ayudará a que
esta relación salga adelante llegando una vida plena y fructífera cumpliéndose
así el objetivo y complementando el anhelo de que son una sola cosa, una unión,
un respeto por el otro, una necesidad mutua, dándose la fidelidad y el
sentimiento de pertenencia en el sentido de exclusividad.
Desgraciadamente para las nuevas
generaciones ya no es el matrimonio la culminación de la etapa del noviazgo
para sentirse plenos, para estos es más importante cumplir con sus sueños
personales, profesionales y sociales, es decir, lograr ubicarse en el mejor
trabajo, remuneración económica, viajes, guardarropa, carro, una gran casa, el físico perfecto, entre otras
cosas, tornándose así en una generación hedonista y egoísta, es decir buscan
como prioridad el bien supremo del placer, en el consumismo y de lo que para
ellos es importante, teniendo como un ideal una situación casi imposible de
lograr.
Esto nos lleva a reflexionar sobre
lo que para esta generación puede ser la idea del matrimonio, el compromiso, la
responsabilidad y las obligaciones que conlleva, son las posibles causas por
las que el matrimonio ya no está de moda y mucho menos como objetivo.
Por otra parte debido a la
globalización, las exigencias laborales hace que los jóvenes terminan sus
estudios a una edad mayor ya que las mismas exigencias de su entorno los obliga
a ingresar al campo laboral de manera
tardía, cómodamente se ubican en el rol
de estudiantes y con ello el papel de hijos dependientes económica y
emocionalmente de sus padres, teniendo un gran costo, puesto que resultan con
poca responsabilidad, insuficiente aprecio al trabajo, al esfuerzo, con poca
tolerancia a la frustración que como secuela los lleva a la depresión, ansiedad
y estrés. Por tanto posponen la decisión de tomar una relación en serio e
inclusive en casarse y de tener hijos. Resultan ideas fuera de contexto y peor
aún ni si quiera saben si estarán preparados para asumir la responsabilidad y
enfrentar todas las decisiones que esto implica.
La situación en sí se torna entonces
compleja, todo se retrasa y solo se piensa en el querer por el tener. El
matrimonio hoy en día tiene ya otra definición, unión entre dos personas, cuya
es simplemente la satisfacción personal, el deseo personal como único propósito
y fin en esta unión. La procreación ya no es la finalidad inclusiva ya ni en
los matrimonios tradicionales, toda la idea en este contexto es en el egoísmo
total.
La propuesta después de comentarles
la situación real del matrimonio es totalmente contra corriente, es decir, el
matrimonio nos debe llevar a la trascendencia, es decir a dejarse para
entregarse a el otro, a complementarse, a darle sentido a la existencia de
otro, ser la inspiración para darle ese impulso a la vida. A renunciar al
egoísmo que es la constante que hoy en día los destruye.
Las uniones libres, carecen
totalmente de esta libertad, por el contrario son esclavos de situaciones que
se tornan difíciles de resolver. La libertad de una unión libre, no es el
ensayo piloto de lo que será un matrimonio, por el contrario solo será el
ensayo de un fracaso anunciado a largo o corto plazo, pues si desde el momento
de decidir comenzarla existe este pensamiento egoísta, quizá se pudiera
convertir en una maravillosa historia de amor, pero también podrá convertirse
en la mas terrible historia donde los seres humanos quedaran devastados por
seguir con una moda.
Lic.
Brezy López.


