jueves, 28 de febrero de 2019

ME VIO FEO



Quiero dedicar estás líneas a todas las mujeres que sintieron cuando estaban en el kínder o en la primaria que alguien las vio feo.

Recuerdo que más de alguna vez cuando era niña sentí que otra niña me vio feo y lloré, fui a decirle a la maestra o a mi mamá que me vieron feo. Lo único que causaba con los adultos era sacarles una sonrisa y pronunciar alguna palabra de consuelo. Aunque si he de ser honesta nunca escuche que regañaran a la otra niña por ver feo.

Ahora doy gracias a Dios por haber puesto a esas personas en mi camino, me hicieron más fuerte. Me hicieron sacar algo bueno de mi interior, lo que ahora llamamos resilencia.

La vida me ha llevado a vivir cosas inimaginables a compartir con personas que no existían en mi cuento rosa, convivir con personas drogadictas, personas que han abortado, personas que no tienen nada que comer, personas que están heridas en lo más profundo de su ser. Personas que me gritan suplicando ayuda y mendigando un poco de amor.

Siento la necesidad urgente de dar todo lo que hay en mí, cada segundo es importante para ayudar, no se cuánto tiempo me quede de vida y no me preocupa si no es en función de servir a ese que más lo necesita. No es una virtud mía lo he de reconocer es algo que Dios ha sembrado en mi corazón y la vida misma me ha preparado para ello por lo que siento una gran responsabilidad.

Cada una de estás personas me han enseñado bastante, he aprendido a ponerme en su lugar y me han compartido de su dolor. He aprendido a no juzgarlas sino a abrazarlas, que eso es algo que siempre he leído en el Evangelio y ellos me han llevado hacerlo vida.

Ellos también sienten que los ven feo, los juzgan, los etiquetan y en sus posibilidades y desde sus heridas hacen lo que pueden hacer, algunos ya se acostumbraron y tristemente lo asumieron.

También me toca convivir con el otro extremo de la sociedad y eso es muy difícil, personas con formación intelectual pero sin experiencias de alteridad. Veo lo difícil que es para ellos entender lo importante del amor, no es el que me vean feo sino el como veo yo, lo que tengo que sacrificar, soportar o mejor dicho eliminar lo que no aporta sino que resta en mi vida para el bien del más necesitado.

Siento que al final es lo que podemos decir de una persona madura, cuando dejó de verse para ver al otro.

Hoy me siguen viendo feo, pues sé que no soy una persona con características muy comunes y eso le causa a los demás desconcierto. Pero cada mirada de esas, cada palabra, acción que me hiere es un motivo de reflexión que he de agradecer aunque me cueste.
Dios ha puesto en mi mente una imagen que voy a agradecer de por vida, la de un puente. Un puente que ayuda a las personas a pasar de un lado a otro, pero ese puente es pisado y a lo mejor con el uso tiene algunas partes rotas que hace que cuando las personas pasan por él se pueden lastimar.

Pido a Dios que me dé la gracia de ser ese puente que Él quiere, no el más hermoso ni el más fuerte, sino simplemente el que Él quiere.

Seguramente no va a faltar que alguien cuando pase lo critique o lo vea feo, y seguramente volveré a sentir dolor. Pero con la enseñanza clara de que eso me va hacer mejor persona sino Él nunca lo hubiera permitido.

Soy una persona en construcción todavía, un puente en reparación por lo que siempre agradeceré su paciencia y sus oraciones.

Termino agradeciéndote a ti, y a cada una de las personas que me vieron feo o que me siguen viendo de esa manera, cada mirada de esas es una razón para seguir aunque suene ilógico. 
Doy gracias a la Virgen María que ha sido la más incomprendida, a la vez la más apostólica por su testimonio que me empuja y fortalece. Pero agradezco sobretodo a Dios por hacerme crecer aunque no sea de la forma que esperaba.

S_Lillingston