martes, 4 de septiembre de 2018

DIOS Y LA SEXUALIDAD



1.- Desde el momento en que acceden al sacramento del matrimonio, Jesucristo se goza por el Vínculo ya creado por las dos personas que se aman. Y este vínculo permanece siempre para que la pareja madure hacia un amor cada vez más auténtico.
2.- Dios presente en el día a día. No solo está presente cuando rezan, sino en todo momento.
Los TRES ALTARES:

  • El altar de la oración. (Lo invitan a participar en los asuntos que los ocupan mediante la oración en común. 
  • El altar de la mesa: Los esposos construyen el vínculo a través de la comunicación, sobre todos los temas de la vida cotidiana.
  • El altar del dar: Los esposos construyen el vínculo, compartiendo el amor y el placer a través de la relación sexual. En este altar los esposos colaboran con Dios Creador.                                                                                                                              

3.- El acto sexual verdaderamente humano conmueve a las personas que se aman tanto espiritual como psicológica y físicamente; incluye las relaciones de todo hombre: su espíritu, corazón y cuerpo. No sólo produce una satisfacción y relajamiento de la tensión sexual, no solo produce una sensación de bienestar psicológico, sino que también produce en el corazón una profunda paz espiritual que procede de Cristo.
4.- El acto conyugal es también plegaria. 
Los esposos cristianos trascienden los sentidos y penetran en el misterio. Esa experiencia, fugaz y frágil, tienen su fuente en lo profundo del alma humana, allí donde el deseo de amor y unidad se une con el anhelo de dar sentido a la propia vida.
5.- Los esposos celebran su sacramento, o sea su  vida en Cristo, también durante el acto sexual. Llamar celebración del sacramento del matrimonio al acto conyugal eleva notablemente su dignidad. 

6.- Dios santifica a la pareja conyugal no a través de sus renuncias a los muchos bienes mundanos, sino a través de sis libres y conscientes elecciones de lo bueno, y por ello, de la renuncia del pecado, que arranca del ser humano a Dios y destruye el amor entre las personas.
7.- Hablar de santidad en el acto matrimonial, sirve del simbolismo del lecho como imagen del altar.
8.- Dios nunca destruye los anhelos buenos que Él mismo depositó en el corazón humano, no limita el crecimiento del hombre, no bloquea el potencial que hay en él. Por contrario, le brinda la oportunidad de un desarrollo pleno. La vida con Cristo. realizada a través de la construcción de vínculos entre varón y mujer, no tiene por objeto arrebatarles a las personas el amor, sino que su finalidad es la sanación, el perfeccionamiento, la purificación, es engrandecer su amor humano y por ello elevarlo a Dios.