domingo, 11 de septiembre de 2016

MUJER FLORERO

 

Una mujer apareció en mi consultorio muy dolida al darse cuenta que su esposo se fue con una mujer más joven.
Era una señora muy guapa con algunas cirugías que mostraban el empeño que tenía de retener la juventud, ropa de marca, entallada para que se vieran las horas de ejercicio y el esfuerzo por llevar una alimentación que le ayude a verse en forma.


Cuenta que en algunas ocasiones escuchaba a los amigos de su esposo como envidiaban tener una esposa tan guapa y tan arreglada como ella, las combinaciones perfectas, la última moda.
Al paso de tiempo los comentarios silenciaron por lo que se vio en la necesidad de acudir a un cirujano a que le ayudara a mantener su seguridad.

La belleza de la mujer cautiva la mirada y el corazón de los hombres, inclusive puede llevarlos a tocar la cima de la felicidad.
Pero cuidado,  no te vayas a convertir en una mujer florero. 
Una mujer que sea simplemente un objeto que adorne y que al paso del tiempo tenga que ser desechado porque la moda ya no te favorece, o porque llegó otra mujer florero más joven que tú.
La edad se lleva parte de la frescura y deposita en las mujeres algo más valioso, la madurez, la experiencia y si lo cultivaste, un corazón enorme.
No hay silicon ni cirugías que puedan devolver a las mujeres la silueta que tienen las jóvenes, no te aferres a que los demás te valoren por tu físico.
La mujer florero es la mujer a la que todos admiran por como se ve, puede lucir hermosa, sin embargo tiene su seguridad puesta en el exterior y eso va deteriorando su interior, sabe que en cualquier momento puede ser relevada por otra persona más moderna.
Entonces debemos alimentar el interior, somos cuerpo y espíritu. Así como alimentamos el cuerpo hemos de alimentar el espíritu, buenos libros, buenas amistades, oración, admirar la naturaleza, apostolado (servicio a los demás), convivencia en familia, visitar museos, escuchar buena música.
No permitas que te usen como un adorno, vales por quien eres no por tu simple apariencia.

Sandra Lillingston

2 comentarios:

  1. Que pena que hay hombres que nunca son capaces de valorar a la persona, sólo les interesa el exterior, porque la vanidad propia les marca la pauta.

    ResponderBorrar
  2. Tienes razón, sin embargo lo que nos corresponde es DIGNIFICARNOS, vivir como personas, valorarnos y encontrar el sentido de nuestras vidas para alcanzar la felicidad verdadera.

    ResponderBorrar