En esta época es muy común escuchar de separaciones o divorcios de
matrimonios con hijos, independientemente de la situación o de quién tenga la
culpa, los hijos son sometidos a inestabilidad, y a dolor que ellos no saben manejar,
si los padres no les ayudamos como responsables que somos de su bienestar
físico, psíquico y espiritual muchas veces se desvían porque no saben a dónde y
por dónde caminar.
El síndrome de alienación parental es un término que fue acuñado por el profesor de
psiquiatría Richard Gardner en 1985 como el conjunto de síntomas, que se
produce en los hijos, cuando un progenitor, mediante distintas estrategias,
transforma la conciencia de los niños con objeto de impedir, obstaculizar
o destruir sus vínculos con el otro progenitor.
Y es que la madre en el 80 % de los casos se
hace cargo de los hijos, y el padre se hace cargo de prover lo necesario para
la educación, la salud, el vestido y el techo. En el momento de la separación de
los progenitores es común “utilizar” al
los hijos y al dinero como armas para sacar el mayor provecho.
Cuántas veces he escuchado a los varones decir
“ya atornillé todo para que ella no pueda comprobar mis ingresos y yo decidir
lo que le quiero dar dependiendo cómo se porte conmigo”. Y a las mujeres decir
“ Si no me da más dinero no va a volver a ver a los niños”. Jóvenes con culpas
pensando que ellos tuvieron que ver con el divorcio, o creyendo que ellos
traicionaron a su padre o madre. Les aseguro que es uno de los mayores dolores
que puedan existir.
Yo me pregunto, ¿los hijos les dijeron que se
casaran? ¿ellos pidieron venir al mundo? Entonces porque nos aferramos a vivir
egoístamente pensando en ganar la batalla en lugar de ver cómo hago menos daño.
¿Qué tengo que hacer para que mis hijos sufran lo menos posible? Por un lado
digo que son lo que más amo y por el otro les hablo mal de su papá o de su
mamá. No hay mayor incongruencia.
“Tú padre dice que no tiene dinero pero bien
que tiene para gastar con sus amigos, seguramente se olvidó que tiene hijos!” a
mi consultorio llegan sus hijos llorando porque no entienden por qué su papá
los dejo de amar pero también por qué su mamá les agrede tanto hablando mal del
hombre que ella eligió para darles la vida.
“Seguro tu madre ya anda con alguien y por eso
no tiene tiempo para ustedes!” Manipulación que hieren en lo más profundo del
corazón de los hijos.
Papás amen a sus hijos, Dios se los confío como unos diamantes
sabiendo que ustedes son capaces de formarlos hasta hacerlos de gran valor a
los ojos de la sociedad y de su creador. No importa cuanto tenga que perder,
nunca será algo mayor de lo que Jesús perdió, Él dio hasta la última gota de
sangre por nosotros, gracias a Él que dejó el paraíso nosotros podemos aspirar
a entrar al cielo.
Los hijos son el tesoro más grande al que una persona en el mundo
puede aspirar, no importa si es biológico o adoptivo, lo importante es que
tienes alguien que es una motivación para sacar lo mejor de ti. Siempre serán
un vínculo, una razón de unión, de crecimiento.
No son cosas para ser utilizadas, son personas desde el momento de
la concepción. Sienten, piensan, se desarrollan y se forman para ser la mejor
versión de padres que ustedes les permitan ser.
Si tu esposo o esposa decide no continuar contigo, no se acaba el
mundo, continúa con la formación de tus hijos, nunca te vas a arrepentir. Es el
regalo más grande que Nuestro Señor te puede dar. Es una oportunidad para
realizarte, para ser mejor persona. Sin rivalidad, sin querer ganar, sin querer
tener la razón, sin querer que tus hijos sean tu equipo. La meta es que ellos
sean felices!!! Y entonces dirás Señor esos bebés que me confiastes te los
regreso como personas de bien!! Misión cumplida!!
Sandra
Lillingston
Familióloga
lillingstons@yahoo.com

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