A mi, nadie me obligó a abortar, me
duele en lo más profundo de mi corazón reconocer que fuí yo la que rechazó a mi
hijo desde el primer momento en que supe que estaba embarazada. Yo hice
que el chico, que en ese entonces era mi novio me ayudara para no tenerlo. Fué
en una clínica clandestina, ahí, un doctor y su equipo me practicaron el
aborto.
Tendría hoy alrededor de 16
años de edad mi hijo.
Hoy me encuentro sola, han pasado ya
casi 17 años, como desearía regresar el tiempo y poder ver las cosas como las
veo hoy, ha cambiado tanto mi vida, pero el dolor y el arrepentimiento
siguen presentes, hoy veo la belleza de la inocencia de los niños, la hermosura
del rostro de un niño, es una belleza que siento tan alejada de mí, es
como si hubiera perdido el derecho total a tener de cerca esa bendición,
no la merezco.
Veo a las madres valientes que han
decidido tener a sus hijos a pesar de las circunstancias y las admiro, cuanto
daría por que alguien me hubiera detenido, o me hubiera obligado a enfrentar mi
situación.
Cuanto me duele mi corazón... ¡Oh
Dios mio! soy una más de la estadística de madres asesinas, que después de
haber cometido tal atrocidad "creemos que continuamos con nuestra
vida", como si nada hubiese pasado, cuanto nos engañamos, ¡hay de
nosotras! ahí ha comenzado la desgracia de mi vida, no me perdono, me
pregunto de dónde obtuve tal valor para quitarle la vida a mi hijo y a la vez a
mi.
Después de mi primer aborto,
seguí con mi vida, este hecho no lo llevaba presente en mi mente, seguí
guardando las apariencias... Limpié todo, no había fracaso ante los demás (mi
familia) no defraude a mi madre ¡no pasaba nada! seguí siendo el orgullo de mi
mamá, la alegre, la fiestera, la noviera.
Al tiempo volví a quedar embarazada,
tampoco quise al bebé, conseguí unas pastillas, esta vez solo le conté a
una amiga, toda la noche sangré y tuve dolor, no dormí. No recuerdo si fué
al segundo día cuando acudí al doctor, me dijo que el feto ya no tenía vida, no
le comenté nada al doctor de las pastillas, él me dijo que el corazón del bebé
había dejado de latir y que era un suceso que no tenía explicación pero solía
suceder en muchos casos, la verdad yo no entendí si desde antes de
colocarme las pastillas ya había pasado esto o eso quise pensar, no lo sé...
eso le hice creer a mi novio. Me llevó a que me practicaran el legrado. El
jamás supo lo de las pastillas, el caso es que yo actué en contra de esta
vida también. Tal vez tuviera 15 años de edad.
Hoy que tengo 36 años de edad,
volteo atrás, y veo mi vida, está llena de errores pero estos, aquí
descritos son los que hablan y reflejan todo lo mal orientado que estuvo mi
crecimiento, mi niñez, el infortunio de un hogar abandonado por un padre, no es
justificación pero todo esto tiene un origen.
Tuve la oportunidad de acudir a un
retiro llamado el Viñedo de Raquel. Del cual agradezco tanto que exista, es
donde he sentido el derecho de volver a nombrar a Dios y poder pedirle
perdón y enviar mi mensaje de dolor y arrepentimiento a mis hijos, mis lagrimas
aun siguen brotanto por ellos.
El vacío en mi vida es por su
ausencia. No puedo regresar el tiempo, jamás podré conocerlos, ni abrazarlos,
ni escuchar su dulce voz llamándome mamá, esa es la gran tristeza con que se
quedará para siempre una mujer que decide abortar.
Ojalá que esta experiencia de mi
vida le ayude a alguien a detenerse. ¡No lo hagas! No le robes la vida a tu
hijo, tú no se la diste. Dios es quien dá el soplo de vida y nosotros con
nuestro egoísmo llenas del mundo arrancamos ese deseo de Dios.
Si tu te encuentras en esta
situación de estar embarazada y desesperada por favor te lo pido, haz un
pequeño alto, olvídate tan solo por un momento de tu desesperación y haz lo que
yo no hice y seguramente ninguna de la que hemos atravesado por esta experiencia,
lo hicimos.
Orar, pedir luz, pedir guía, pedir
dirección, estoy segura que si tan solo me hubiese dado esa oportunidad de
voltear al cielo y pedirle su ayuda. Fuera otra mi historia.
Te lo ruego, reflexiona por un
instante y Dios te responderá, no te quiero ver en mi espejo, es
desolador.
¡Que Dios te bendiga amiga!
Anonimo

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