martes, 30 de junio de 2015

EL MATRIMONIO YA NO ESTÁ DE MODA. Creencia que se vive hoy en día.

Matrimonio.

El diccionario define al matrimonio como una institución social, reconocida como legítima por la sociedad, que consiste en la unión de un hombre y una mujer para establecer una comunidad de vida, la ayuda, el bien común y la procreación de los hijos.

​            Cuando existe una relación de noviazgo de tiempo, aparentemente tienen  una buena convivencia, en algunos casos cohabitan, se aman, pero no tienen contemplado en sus planes dar el siguiente paso que sería el matrimonio, circunstancia que da vida a  la presión social de “¿Cuándo se van a casar? ” e incluso “¿Cuándo tendrán hijos?”; frases como  “¡​Se te está pasando el tiempo¡”, “¿Solo te está utilizando?,  ¡Qué manera de perder el tiempo¡ ”, y surgen los cuestionamientos sociales y familiares que se les hacen a estas parejas.

​​            Hasta la década de los 90, una persona soltera entre los 35 o 40 años de edad era mal vista socialmente. “La perspectiva de los padres, hace unos años, era que sus hijos se casen y formen un hogar, porque –para ellos– ese es el camino a la felicidad y a la realización como personas. Aunque hay rezagos de esos pensamientos, se denota un cambio de mentalidad en la actualidad”, explicó el psicólogo Carlos Luperdi, de la Universidad San Martín de Porres.

La palabra "matrimonio" como denominación de la institución social y jurídica deriva de la práctica y del Derecho Romano. Su origen etimológico es la expresión "matri-monium", es decir, el derecho que adquiere la mujer que lo contrae para poder ser madre dentro de la legalidad.

La concepción romana tiene su fundamento en la idea de la posibilidad que la naturaleza da a la mujer de ser madre, queda supeditada a la exigencia de un marido al que quedar sujeta al salir de la tutela de su padre y de que sus hijos tengan un padre legítimo al que estar sometidos hasta su plena capacidad legal: es la figura del pater familias.

Es una institución meramente humana que surgió obedeciendo la necesidad de que los hombres dueños de tierras y bienes se aseguraran de que su estirpe era legítima para heredarle no sólo su nombre sino sus posesiones.

La institución del matrimonio nace con la necesidad de que el Estado proteja esta relación, en beneficio de su desarrollo y perpetuidad asegurándolo con el paso del tiempo.

El matrimonio tiene implicaciones jurídicas y sociales muy importantes, pues de ahí nace el concepto de familia y automáticamente deberes, derechos y obligaciones entre los cónyuges, además de otras figuras jurídicas como filiación, divorcio, alimentos, patria potestad, tutela entre otros.
​            En el concepto ya multicitado, los cónyuges deberán asumir el rol que a cada uno le corresponda según a los acuerdos que se lleguen pensando que los harán antes de tal evento, como: ¿Quién aportará el dinero a la casa?, ¿Lo harán entre ambos?, ¿Cómo se tomarán todas las decisiones ya sea de dinero, hijos, vacaciones, familias políticas? etc., o sea, ambos están para cuidar el uno del otro, si nos remontamos al concepto original ya que se tiene como finalidad la ayuda mutua y el bien común. Al comprenderse esto, se adquiere un compromiso el cual ayudará a que esta relación salga adelante llegando una vida plena y fructífera cumpliéndose así el objetivo y complementando el anhelo de que son una sola cosa, una unión, un respeto por el otro, una necesidad mutua, dándose la fidelidad y el sentimiento de pertenencia en el sentido de exclusividad.

​            Desgraciadamente para las nuevas generaciones ya no es el matrimonio la culminación de la etapa del noviazgo para sentirse plenos, para estos es más importante cumplir con sus sueños personales, profesionales y sociales, es decir, lograr ubicarse en el mejor trabajo, remuneración económica, viajes, guardarropa, carro,  una gran casa, el físico perfecto, entre otras cosas, tornándose así en una generación hedonista y egoísta, es decir buscan como prioridad el bien supremo del placer, en el consumismo y de lo que para ellos es importante, teniendo como un ideal una situación casi imposible de lograr.

Esto nos lleva a reflexionar sobre lo que para esta generación puede ser la idea del matrimonio, el compromiso, la responsabilidad y las obligaciones que conlleva, son las posibles causas por las que el matrimonio ya no está de moda y mucho menos como objetivo.

​            Por otra parte debido a la globalización, las exigencias laborales hace que los jóvenes terminan sus estudios a una edad mayor ya que las mismas exigencias de su entorno los obliga a  ingresar al campo laboral de manera tardía, cómodamente se ubican en el  rol de estudiantes y con ello el papel de hijos dependientes económica y emocionalmente de sus padres, teniendo un gran costo, puesto que resultan con poca responsabilidad, insuficiente aprecio al trabajo, al esfuerzo, con poca tolerancia a la frustración que como secuela los lleva a la depresión, ansiedad y estrés. Por tanto posponen la decisión de tomar una relación en serio e inclusive en casarse y de tener hijos. Resultan ideas fuera de contexto y peor aún ni si quiera saben si estarán preparados para asumir la responsabilidad y enfrentar todas las decisiones que esto implica.

            La situación en sí se torna entonces compleja, todo se retrasa y solo se piensa en el querer por el tener. El matrimonio hoy en día tiene ya otra definición, unión entre dos personas, cuya es simplemente la satisfacción personal, el deseo personal como único propósito y fin en esta unión. La procreación ya no es la finalidad inclusiva ya ni en los matrimonios tradicionales, toda la idea en este contexto es en el egoísmo total.

            La propuesta después de comentarles la situación real del matrimonio es totalmente contra corriente, es decir, el matrimonio nos debe llevar a la trascendencia, es decir a dejarse para entregarse a el otro, a complementarse, a darle sentido a la existencia de otro, ser la inspiración para darle ese impulso a la vida. A renunciar al egoísmo que es la constante que hoy en día los destruye.

​            Las uniones libres, carecen totalmente de esta libertad, por el contrario son esclavos de situaciones que se tornan difíciles de resolver. La libertad de una unión libre, no es el ensayo piloto de lo que será un matrimonio, por el contrario solo será el ensayo de un fracaso anunciado a largo o corto plazo, pues si desde el momento de decidir comenzarla existe este pensamiento egoísta, quizá se pudiera convertir en una maravillosa historia de amor, pero también podrá convertirse en la mas terrible historia donde los seres humanos quedaran devastados por seguir con una moda.

Lic. Brezy López.



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